lunes, 4 de febrero de 2013

La feria de las vanidades (Vanity Fair)


Podría afirmar que Vanity Fair (2004) es una de las películas de época (género del que soy espectadora asidua) que más me han llamado la atención hasta el momento (créanlo o no), junto con La Casa de la Alegría, Sentido y Sensibilidad y El Ilusionista.
La directora Mira Nair nos cuenta la historia de Rebecca Sharp (Reese Witherspoon), una joven institutriz huérfana que sólo tiene un propósito: llegar a formar parte de la clase alta inglesa de principios del siglo XIX, un mundo de sonrisas falsas, vestidos caros, arrogancia y crueldad. Todo tiene un precio y, para conseguirlo, con su talento y atractivo, está dispuesta a hacer lo que sea: enfrentarse a lo establecido, afrontar una guerra (contra Napoleón), renunciar a su hijo, establecer una extraña relación (que me recuerda al mecenazgo) con un misterioso noble que colecciona los cuadros pintados por el difunto padre de Rebecca e incluso perder a su marido.

A favor: La puesta en escena es sencillamente impresionante: la cinta entra "por los ojos". El colorido y la ambientación son atípicos; el vestuario, muy logrado. Y luego, está ese aire de exotismo hindú presente a lo largo de todo el metraje... Las interpretaciones son buenas (que no es poca cosa), al igual que la banda sonora.

Los "peros": Hay que reconocer una cosa: 135 minutos se hacen largos, y  da la sensación de que algunas escenas están metidas con calzador. La trama, en ocasiones, parece cojear. Pero, sobre todo, algo que me resultó muy decepcionante fue... que... ¡¿qué hicieron con Gabriel Byrne, por Tutatis?! (Sí, señores, la historia de siempre: tenía el dvd por casa acumulando estratos de polvo hasta que quiso la suerte que me enterase que ese actor trabajó en la película...) Pero, ¿por qué? ¿Cómo un personaje que puede dar tanto juego como Lord Steyne y un actor como Gabriel Byrne pueden desaprovechase de esa forma? Aparece en la primera escena - perfecta, por cierto - y dan ganas de decir, entre suspiros, "Ay, qué bueno es el Marqués, ay" ¡JA! (y no continúo, que, si no conocéis la historia, os la estropeo). Luego desaparece y no volvemos a saber casi nada de él hasta muchos minutos después. Así no.

En definitiva, una película muy digna, aunque con fallos, y absolutamente visual. Si queréis pasar un rato agradable y deleitar la vista, os la recomiendo. Si buscáis un peliculón sobre "trepas sociales" decimonónicas... mejor ver La Casa de la Alegría (aunque esté ambientada en una época posterior).

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