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jueves, 17 de marzo de 2011

Poema: ¿Qué silencio...?

¿Qué silencio en el eco a nieves de los altos
cristales de palacio sobre el jardín de antaño,
sobre el jardín del juego, ahora se inscribe?
Hay un temblor de nave que ha partido
un temblor de palabras que de labios
del beso de la muerte un día surgieron.
Hay un ave que mira como al vidrio
al fondo de la luz sobre el océano.
Despierta, vive y crece de deseo,
amor que eres ya nunca.
Enciende las cenizas de mi alma,
prende en mi memoria hacia la vida.
Alto sobre el lento, mudo, gris castillo
raudo cruza los aires el fénix de los cielos.
¿Qué silencio en las nieves
perpetuas de mi alma tiembla aún?
¿Aquel sobre el que suena en el vacío
terrible de los mundos, aún, la voz del amor?
Silencio, mirada
del jardín de palacio junto al mar.
Callado en la miseria
de un mundo sin respuesta
espero aún.

- Alfonso Vázquez Alonso
(17-3-78)

jueves, 3 de febrero de 2011

Poesía: Era allá...

Era allá, bajo los grandes arcos de la muerte,
color de sueño y de dolor, en planicies eternas
con sabor a Egipto y al silencio,
en la tierra perfecta del adiós y de nunca;
país de tras Poniente y tras la luz, hora ajena
en el eje de ya nadie, contemplación sin fin de nada en nada,
cruz de fuego y espejo tras cascadas de sangre
imposeída, allá, todo el allá que el grito
del infante fuera un día; era allá y aún más lejos,
por llanuras nevadas de mitos sin retorno,
con eclipses y frentes sin hora ni presencia,
en un haber ya sido y cuando fuera,
en un ya ser cumplido lo esperado,
en un total vacío; era allá, más allá, muy allá
del país del Origen y del viento funeral de la noche,
un clamar de la estrella al fondo del abismo,
una sima y un sexo crujiendo como escarcha,
más lento y más allá.
más, muy lejos eterna la geometría perfecta,
el descanso absoluto, el haber sido, bien igual a no haber sido,
allá frente a mares que braman de ágilas insomnes,
desde torres auscultan el eco de los vientos,
en tardes sin dulzura ni oración,
en caminos sin rastro de destino,
por huertos ya vacíos desde siglos,
junto a pozos cerrados por el dolor del tiempo. Solo.
Allá, siempre allá, y un recuerdo que cruza,
como un ave perdida, la dudad de haber sido
cuando la rosa fuera.
Paz. Suma paz. Los arcos de la muerte tras la arena.
El juego del dios sol. La recta pura.
Perfecta perspectiva, línea inerte,
un dolor en el alma del que hubiera llegado
allá, bien allá, a donde muchos, tal vez todos
por muchos caminos llegan.

Alfonso Vázquez Alonso.
19 - 10 - 1975


lunes, 15 de marzo de 2010

Un poema

Como estatuas de piedra, como estatuas quedemos
allá en el horizonte en que nada se escribe,
en que nada se explica, en que nadie responde.
Quedémonos como muy leve música barroca,
quedemos como queda el eco de un poema,
la penumbra callada de un Vermeer apacible.
Quedémonos con la vista sellada en lo lejano.
Que los árboles crezcan, y discurran los ríos,
y corra nuestra sangre como materia extraña
sin saber ni sentir, sin comprender ni ver,
quedemos en el tiempo,
conciencia sin objeto, sin acción,
al fin quedemos.
Como la estatua queda
(mirando sin mirada un eterno horizonte)
en sellado silencio quedemos, quede el alma.
Alfonso Váquez Alonso.